«¿Dónde está el hospital?»: El choque cultural de la cirugía oral en España
Para un paciente que acaba de aterrizar en España proveniente de Europa del Este o de países con sistemas sanitarios de corte soviético, la palabra «cirugía» tiene un peso gravitacional inmenso. Evoca imágenes de hospitales grandes, batas verdes estériles, olores fuertes a desinfectante y, casi con seguridad, una semana de baja laboral en cama.
Por eso, cuando acuden a una clínica dental española para quitarse una muela del juicio o realizarse una elevación de seno, a menudo sufren un pequeño cortocircuito cultural. El doctor les dice: «Lo hacemos el jueves por la tarde y el viernes ya puedes ir a trabajar». El paciente piensa: «¿Cómo es posible? ¿Es que no se toman mi salud en serio?».
Bienvenido al estilo de vida español aplicado a la medicina: eficiencia clínica disfrazada de naturalidad.
El mito de la hospitalización
En muchas culturas, la extracción quirúrgica de un diente se considera un evento médico mayor que requiere, si no hospitalización, al menos un reposo absoluto y un aislamiento social. En España, la cirugía oral es eminentemente ambulatoria.
Esto no significa que sea menos estéril o segura. Al contrario, las clínicas privadas en España suelen estar equipadas con quirófanos de última generación que rivalizan con los de los hospitales públicos. La diferencia es la filosofía: la tecnología se usa para minimizar el trauma, de modo que la vida del paciente no se detenga. Aquí, operarse la boca no es una «enfermedad», es un trámite de mantenimiento para seguir disfrutando de la vida.
La gestión del «después»
Otro punto de fricción cultural es la medicación. El paciente del este de Europa suele pedir antibióticos fuertes «por si acaso» antes incluso de que haya infección, buscando una seguridad total. El enfoque español, alineado con las normativas europeas, es mucho más restrictivo con los antibióticos (para evitar resistencias bacterianas) pero mucho más generoso con los antiinflamatorios y analgésicos.
En España, el dolor no se considera una virtud ni algo que haya que aguantar estoicamente. La prioridad es la calidad de vida inmediata. El objetivo del cirujano no es solo que la herida cicatrice, sino que puedas ir a cenar (algo suave) con amigos lo antes posible.
Confianza vs. Autoridad
Finalmente, cambia la relación humana. En el modelo clásico de muchos países, el cirujano es una figura de autoridad distante, casi militar, que da órdenes. El paciente obedece y teme preguntar.
En el código cultural español, la cercanía es la base de la confianza. El cirujano puede bromear contigo antes de la anestesia para relajarte, te llamará por tu nombre y te explicará el procedimiento sin tecnicismos oscuros. Para un expat, esta «informalidad» puede confundirse al principio con falta de profesionalidad. Nada más lejos de la realidad. Es una forma de humanizar la medicina. En España, el éxito de una cirugía también se mide por la sonrisa y la tranquilidad con la que el paciente sale del gabinete.
Adaptarse a este nuevo modelo requiere un cambio de mentalidad: dejar de ver la cirugía como un drama médico y empezar a verla como una solución técnica rápida que te permite volver a tu ritmo de vida, bajo el sol, lo antes posible.