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El fin del «borde negro»: Por qué las nuevas prótesis dentales se parecen más a un iPhone que a una muela

El fin del «borde negro»: Por qué las nuevas prótesis dentales se parecen más a un iPhone que a una muela

Si miras con atención las sonrisas de las personas mayores de 50 años, a menudo notarás un detalle delator: una fina línea oscura justo donde la encía se encuentra con el diente. Durante décadas, este fue el precio a pagar por recuperar una pieza dental. Era el estigma de la «metal-cerámica». Sin embargo, la odontología ha vivido una revolución silenciosa que ha jubilado al metal. Hoy, las prótesis no se funden; se diseñan en ordenadores y se imprimen con la precisión de la ingeniería aeroespacial.

La era analógica de la odontología, con sus metales pesados y sus procesos manuales imperfectos, ha dado paso a la era digital. Y el gran beneficiado no es solo la estética, sino la biología de tu boca.

La muerte del metal y el nacimiento de la luz

El problema histórico de las coronas tradicionales era su núcleo. Para que fueran resistentes, necesitaban un casquete de metal gris cubierto de cerámica blanca. Esto creaba dos problemas: el metal bloqueaba el paso de la luz (haciendo que el diente se viera opaco, «muerto») y, con el tiempo, la encía se retraía huyendo del metal, dejando a la vista ese antiestético borde oscuro.

La innovación llegó con materiales como el Zirconio y el Disilicato de Litio. Estos materiales tienen la resistencia del acero, pero son blancos y translúcidos. La luz los atraviesa igual que a un diente natural. Esto significa que la prótesis tiene «vida» óptica. Además, al ser materiales 100% biocompatibles, la encía no se inflama ni se retrae; al contrario, se adhiere a la cerámica, sellando el diente perfectamente.

Robots, no artesanos: La precisión CAD/CAM

Antes, el ajuste de una corona dependía del pulso del técnico de laboratorio que vertía metal fundido en un molde. Si el técnico tenía un mal día, la corona no ajustaba bien, dejando micro-espacios por donde entraban las bacterias, provocando caries debajo de la funda.

Hoy, el proceso es pura ciencia ficción. Se utiliza la tecnología CAD/CAM (Diseño y Fabricación Asistida por Ordenador).

  1. Escaneo: Un láser escanea tu boca con precisión de micras.

  2. Diseño: Un software diseña el diente nuevo calculando la masticación y la anatomía vecina.

  3. Fabricación: Una fresadora robotizada talla el diente a partir de un bloque sólido de cerámica industrializada.

El resultado es un ajuste micrométrico imposible de lograr por la mano humana. No hay brechas, no hay filtraciones. Es una pieza de ingeniería que encaja como la pieza de un reloj suizo.

Adiós a la «batería» en la boca

Hay un aspecto de la innovación tecnológica que pocos conocen: el galvanismo. Cuando tienes diferentes metales en la boca (amalgamas antiguas, coronas de oro o metal-cerámica), y la saliva actúa como conductor, se generan pequeñas corrientes eléctricas. Es el llamado «efecto batería». Esto puede causar sabor metálico, ardor o incluso dolores de cabeza.

Las nuevas prótesis «metal-free» (sin metal) eliminan este problema de raíz. Son materiales inertes que no reaccionan químicamente. La tecnología nos ha permitido crear dientes que el cuerpo no solo tolera, sino que acepta como propios. Ya no se trata solo de tapar un hueco; se trata de restaurar la función con materiales que respetan la bio-electricidad y la estética natural del cuerpo humano.

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