«¿Por qué no me matas el nervio y ya?»: El choque cultural de salvar un diente en España
Uno de los momentos más tensos y reveladores en la consulta de un dentista en España ocurre a menudo cuando un paciente extranjero (especialmente de Europa del Este) se sienta en el sillón con un dolor de muelas. El paciente, pragmático y acostumbrado a soluciones drásticas, suele pedir: «Doctor, me duele, máteme el nervio o sáqueme el diente para que deje de molestar».
La sorpresa llega cuando el dentista español, tras mirar la radiografía, niega con la cabeza y propone una reconstrucción compleja o un tratamiento para mantener el diente vivo. Para el paciente, esto puede parecer incomprensible o incluso una estrategia para cobrar más. Sin embargo, no es una cuestión de dinero, es una cuestión de filosofía cultural y médica.
La herencia del «Cortar por lo sano» vs. La Preservación
En muchas culturas, históricamente, la odontología se centraba en eliminar el dolor de la forma más rápida y definitiva posible. Si un diente daba problemas, se desvitalizaba (endodoncia) o se extraía. «Muerto el perro, se acabó la rabia», como dice el refrán. Era una medicina de supervivencia.
En España y en la Europa moderna, el enfoque es diametralmente opuesto. La odontología conservadora se basa en el principio de que ningún material artificial, por caro que sea, es mejor que el tejido biológico original. Aquí, un diente no es algo desechable; es un órgano que se debe proteger hasta las últimas consecuencias.
La mentalidad de la «Mínima Intervención»
Este choque cultural se manifiesta en el concepto de «Mínima Intervención». Mientras que un paciente puede esperar que le tallen el diente para poner una funda (corona) porque «es más seguro», el doctor español intentará hacer una incrustación o una reconstrucción adhesiva.
¿Por qué? Porque para poner una funda clásica hay que limar casi el 60% del diente sano. Para la mentalidad europea actual, mutilar un tejido sano «por si acaso» es una mala praxis ética. El objetivo no es solo que el diente se vea bien hoy, sino que dure 20 o 30 años. Y estadísticamente, un diente que conserva su propia estructura y su propio nervio dura mucho más que uno desvitalizado y cubierto de metal.
La tolerancia a la incertidumbre
Aquí entra otro factor psicológico: la relación con el riesgo. El paciente que viene de un sistema más antiguo prefiere la certeza de la eliminación («si no hay nervio, no dolerá nunca»). La medicina conservadora española pide al paciente un cambio de mentalidad: «Vamos a intentar salvarlo».
A veces, esto implica un proceso más lento. Implica probar, observar cómo reacciona la pulpa, dar tiempo al cuerpo para regenerarse. Es un reflejo del estilo de vida mediterráneo: no se trata de correr y tapar problemas, se trata de hacer las cosas bien, respetando los tiempos de la biología.
Integrarse es también cambiar de hábitos de salud
Adaptarse a la vida en España no es solo disfrutar del sol y la gastronomía; es también confiar en un sistema de salud que prioriza tu bienestar a largo plazo sobre la solución rápida.
Cuando un dentista en España te diga «vamos a intentar no matar el nervio», no pienses que está siendo perezoso o complicado. Al contrario, te está ofreciendo el mayor lujo de la medicina moderna: conservar tu integridad física. Aceptar este enfoque es parte de entender que, en esta cultura, la calidad de vida se mide por lo que conservamos, no por lo que reemplazamos.